viernes, 7 de noviembre de 2008

La Casa Cuneo (Lambayeque)


Lambayeque fue un pueblo que se privilegió con el éxodo de familias adineradas de la ciudad de Zaña, insegura por las constantes inundaciones. Para el siglo XIX, el lugar era pequeño y rico, pleno en casonas coloniales y republicanas entre las que destaca la casa Montjoy o de la logia, con su balcón de sesenta y tres metros y su albergar a los próceres que proclamaron la independencia del país por primera vez, en 1820.

De igual o mayor importancia histórica y estética es la casona Cuneo, una de las edificaciones coloniales –cuyo número, por cierto, puede contarse con los dedos de una mano- que ha sobrevivido, hasta el momento, a tantos fenómenos naturales y humanos, puesto que ha sido maltratada por parte de sus poseedores, que carecen de recursos, y desdeñada por los que la conocemos, que somos testigos de su deterioro sin inmutarnos, como quien ve accidentarse a una persona y no corre en su ayuda.

Nuestra insensibilidad parece corresponder inversamente al valor histórico de la construcción: como resalta un pequeño panfleto que ha comenzado a circular entre los lambayecanos motivándolos a tomar acciones concretas, allí, el 31 de diciembre de 1820, se redactó la segunda Acta de Independencia del país –ratificada por los que conformaban “el pueblo bajo”-, y se izó la bandera diseñada por don José de San Martín.

En el último año, la situación de la casona se ha vuelto crítica: ya sus interiores habían sido destinados a guardar pavos y otros animales de corral cuando sus dueños la consideraron inhabitable, pero ahora su fachada, la corona de esta joya, única en el Perú por su estilo mestizo que detenta torrecillas de iglesia y una concha en el medio, se está desgajando como capas de cebolla, y se teme que termine de hacerlo en pocos meses.

La respuesta del Estado a esta situación ha sido terminante y esperable: a su alrededor se ha colocado tiras amarillas que indican peligro para que pueda caer en paz, sin herir a nadie, pero el evitar que nos hiramos todos por su pérdida no está siquiera en cuestión. ¿Ha de ser la nuestra también la indiferencia? Como peruanos que valoramos la belleza, sobre todo la arquitectónica, ¿vamos a ser tan o más indiferentes que los funcionarios estatales, porque, a pesar de amarla, no hemos de hacer nada al respecto?

Romina Gatti
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1 comentario:

No Importa dijo...

Muy loable iniciativa, Romina!!!

¿Y nos pondrías al tanto con algún detalle acerca de lo avanzado y de las principales dificultades que se enfrentan?

No importa quién.

17 sep 08